Home Nuestra Naturaleza Sanahcat: bajo la trama de Xibalbá

En Sanahcat (tzanlah: sonar las cosas golpeándolas y kat: tinaja), experimentamos un “dejá vú”, algo que ya habíamos vivido en lugares como Abalá o Libre Unión: nichos naturales aguardando ser atendidos, habitantes sin empleo esperando esos proyectos que les permitan sostenerse de sus recursos ecológicos al tiempo que los preservan.

 

Localizado a tan solo 50 kilómetros de la capital del estado, Sanahcat se ubica en el Anillo de Cenotes y junto con Homún y Cuzamá conforman el corazón mismo del cráter de Chicxulub, lo cual explica la presencia de centenares de cuevas, grutas, cavernas y cenotes en el área.

 

Al llegar, el referente a la vista es la iglesia dedicada a la Virgen de la Asunción, cuya construcción remonta al siglo XVI, recordándonos que en aquél entonces Sanahcat era una encomienda, con esclavos mayas a la orden de un terrateniente. Sus edificios coloniales acusan la época, al igual que su antigua estación de ferrocarriles.

 

La época del oro verde que mantuvo a la población se acabó; sus cultivos de margaritas, crisantemos, gladiolas, nardos y azucenas, que abastecían a los mercados de la entidad terminaron cuando la importación de flora se impuso. Ahora Sanahcat ve cómo sus hijos migran a Estados Unidos y Cancún, o venden su mano de obra en Mérida.

 

Pero ¿Cómo puede suceder cuando Sanahcat cuenta con poco más de 80 cenotes, de los cuales Bebechén, Villa, Pixoy, la Gruta de las 7 aguas, y otros 6 más se pueden habilitar para impulsar el ecoturismo  que frene la migración y el desempleo?

 

Debido a que no existe un plan turístico o parador identificable. Para llegar a los cenotes o a la gruta es necesario dar parte al Palacio Municipal, pues los policías tienen la instrucción de llevar a los visitantes, explicar los riesgos y dar las recomendaciones necesarias en un recorrido que dura 2 horas.

 

En estos días la Gruta se ha vuelto “importante”. Ahí se graba parte del filme internacional “Xibalbá”, por lo cual sus laberintos, formas caprichosas, manantiales internos y estalactitas darán una idea del inframundo maya, representando a las entrañas de la tierra.

 

No se pudo escoger mejor escenario que las 7 Aguas para la trama, una auténtica “máquina del tiempo”, ya que al ingresar y recorrer sus sinuosas formas uno va como en retrospectiva hasta la época prehispánica, cuando fungió como refugio y fuente esencial del vital líquido.

 

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